El lamento de mis cerros encadenados,
obligados a dar a luz naranjas y paltas,
sumidos al artero hierro amarillo,
al casco blanco y al verde dólar
Arranco el cabello del árbol violador
que como puñal hirió sus faldeos,
permito volver al alegre zorro
que cambia piel con el conejo
Corro ahora, niño por sus laderas
y vuelvo a beber de sus vertientes,
juntos soñamos libertad,
mientras del océano retornan con más cadenas